jueves, 15 de julio de 2010

Mujeres rurales y acceso a la tierra

Más de 50 mujeres de toda Latinoamérica se reunieron desde el 7 al 9 de julio en el conversatorio La mujer rural: derechos desafíos y perspectivas y compartieron sus experiencias en torno a sus derechos y su situación frente a la propiedad de la tierra.

El evento fue organizado por el CINEP- Programa por la Paz, junto con el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA) y la Coalición Internacional por el Acceso a la Tierra (Internacional Land Coalition).

En el evento las mujeres ampliaron su conocimiento sobre los procesos de emancipación desde la pobreza y la marginación que viven las mujeres en las áreas rurales.

Igualmente, durante la jornada de tres días, las participantes aprendieron como elaborar un inventario de instrumentos políticos y técnicos que les permitan erradicar las discriminaciones y ejercer sus derechos civiles, económicos, sociales y culturales.

Las ponencias

La inauguración del evento se llevó a cabo en la Universidad Javeriana. Luis Guillermo Guerrero, Subdirector CINEP Programa Por la Paz, Josefina Stubbs de FIDA, Annalisa Mauro, Secretaría ILC, Magdalena León de la Universidad Nacional y Gilma Benítez de la Marcha de Mujeres Campesinas fueron los ponentes. Presentaron el contexto de los derechos de las mujeres y su situación frente a la propiedad de la tierra, su papel en la agricultura familiar y la economía en Latinoamérica, y concluyeron que existe una extrema desigualdad e injusticia de género.

En el segundo día del conversatorio, más de 40 mujeres campesinas de Colombia y otros países asistieron a las charlas sobre la promoción de los derechos de las mujeres en el contexto rural en las instalaciones del CINEP-Programa por la Paz.

Patricia Bruyn, funcionaria de GAJAT (grupo de apoyo jurídico por el acceso a la tierra de Argentina), resaltó que en su país el derecho más vulnerado es el de acceso a la tierra, entre otras razones, porque no forma parte de la política del gobierno. Además, relató las distintas acciones que su institución ha llevado a cabo a favor de la consolidación de ese derecho.

Lea Montes, de la organización nicaragüense NITLAPAN, destacó que “las políticas de tierra son responsabilidad del Estado, no de las organizaciones sociales” y recalcó que “aunque muchas mujeres han accedido a la tierra, después la han perdido o vendido. Esto pasa porque muchas veces ellas tienen problemas de otra índole que les impiden trabajar de manera adecuada sus tierras. Por eso también es necesario identificar esos contratiempos y ayudarlas a resolverlos”.

Claudia Erazo, funcionaria de la Corporación Jurídica Yira Castro, explicó el caso de 19 familias de Chiboló que en el año 1992 fueron desplazadas por el paramilitarismo y que, irónicamente, cuando regresaron a su tierra, encontraron que los propietarios eran del mismo grupo que años atrás los había sacado de su hogar.

Erazo destacó la labor de la comunidad de Chimboló que decidió unir fuerzas y poner una acción de tutela para que las tierras les fueran devueltas, lo que les ha permitido, hasta el momento, poder habitar en ellas.
Experiencias

La participación de mujeres de toda Latinoamérica hizo que se compartieran experiencias muy disímiles pero que, al final, no resultaron tan distantes. Por ejemplo, Dorina Hernández, de la comunidad de San Basilio de Palenque, describió el proyecto de los “cuadros”, unos grupos que se forman espontáneamente, pero cobran cuotas y se reúnen de manera periódica. Al momento de una emergencia como enfermedad o muerte, los cuadros ofrecen apoyo a sus miembros, cubriendo gastos de medicina y servicios fúnebres, entre otros.

Por su parte, Olga Zapana Alania, del Perú, narró su proceso en el grupo de mujeres ahorristas del Proyecto Sierra Sur. “Al principio nuestros esposos no querían que ahorráramos, ‘les van a robar’ nos decían, pero ahora ya no. Tenemos nuestros propios ahorros en cuentas bancarias y los sacamos cuando tenemos necesidad de hacerlo”.


Encuentre el video y las memorias del evento en el sito web del CINEP

miércoles, 7 de julio de 2010

El drama de los terapeutas que exorcizan los fantasmas del conflicto armado

“Era el líder de una comunidad indígena en Pasto; tenía alrededor de 50 años, alto, moreno, con mucho miedo de contarnos su historia. ‘Fueron los paramilitares’, decía, ‘fueron ellos’. Su relato me marcó”, confiesa la psicóloga de la Defensoría del Pueblo Andrea García mientras escarba en sus memorias. Dice que es el episodio más doloroso que ha escuchado en el tiempo que lleva tratando víctimas de la violencia en Colombia. Le dijo que lo amarraron a un árbol una tarde cualquiera y que lo violaron, una, dos, varias veces, ya no se acuerda cuántas; que no fue capaz de regresar a su tribu, ni ver a los ojos a su esposa o a sus hijas ni contarles que la amenaza de las armas se llevó su hombría. No fue el único.

Por: Daniella Sánchez Russo/ El Espectador.com 


Desaparición forzada, violación, desplazamiento y asesinato: casi todos los testimonios versan sobre esos horrores. Cincuenta psicólogos, en 26 regiones del país, casi 30 veces al día, escuchan víctima tras víctima. Los oyen exorcizar sus fantasmas. Y tratan de orientarlos como pueden. Sin plata, sin recursos, hacen lo imposible para cumplir las citas con los psicólogos. Es un escenario privilegiado, quizás el único, para dejar ir a sus demonios. Quién dijo, sin embargo, que los traumas no se los heredan. Tan fuertes son los alcances y la sevicia de la guerra que hasta a los terapeutas —entrenados como ninguno para blindar sus almas— se les cuelan los dolores de las víctimas que tratan y hoy reciben atención psiquiátrica para impedir que la locura se tome sus cabezas.

Pesadillas, enredos familiares y problemas con sus parejas, desequilibrio emocional; súbitos recuerdos de un drama relatado, aislamiento, desgaste mental y laboral y, en esencia, la alienación ajena del espanto. Todos síntomas del llamado Síndrome de Burnout, o del Quemado —“altísimo estrés laboral por la exposición emocional del paciente”, explica un experto—, que poco a poco han ido corroyendo la coraza racional de los psicólogos de la Defensoría del Pueblo. Tanta barbarie narrada empieza a hacerles mella. “Si no somos tratados adecuadamente —dice la psicóloga Andrea García— podríamos caer en distintos vicios”. El alcohol encabeza la lista, claro, pero también las drogas, el exagerado consumo de cigarrillo o incluso sufrir de insomnio y depresión.

“La carga laboral es muy fuerte y es de esperarse que nosotros necesitemos ayuda”, cuenta Wilson Chavarro, psicólogo de la Defensoría del Meta. Y confiesa que quiere dejar su consultorio para dedicarse a escribir los testimonios de la violencia. La presión de su trabajo lo obligó a ser atendido por un colega cada dos meses: “Las pesadillas abundaban, había empezado a sufrir de insomnio, me estaba consumiendo; mi esposa comenzó a preocuparse”. De uno de esos relatos de sangre que le causó tantas vigilias provino el nombre de su primogénito, Lorenzo: “Así se llamaba uno de los 29 hijos de un señor en La Guajira, a todos los había bautizado por un jugador de fútbol”. Lorenzo fue víctima de desaparición forzada. Culpan a las autodefensas. “Lo más duro fue ver al viejo sumergido en una depresión terrible”, dice Chavarro.

Todos los psicólogos de la Defensoría han sufrido síntomas de la enfermedad de Burnout. Así lo documentó un estudio que encargó la Vicepresidencia de la República a la ONG Dos Mundos. “Hemos estado al límite”, cuenta Andrea García, “por eso desarrollamos un programa de intervención y seguimiento psicológico que se complementa con un plan de ejercicio y alimentación”. Se supone que así capotean los peligros de su profesión. El psicólogo Luis Alberto Bonilla es consciente de algunos síntomas: “A veces no puedo dormir, la ansiedad me consume y el cansancio se vuelve extremo. Pueden ser las 10:00 de la mañana de un lunes, después de un domingo de descanso, y yo no hallo la hora de que se termine la semana”.

A Bonilla lo conmovió en demasía la historia de una viuda de un inspector de Policía a punto de pensionarse. Iban a montar un negocio de frutas en Bogotá, pero los ‘paras’ lo mataron en Villavicencio. Ella intentó buscar respuestas, pero sólo consiguió amenazas. Historias así provocan el desvarío. El psicólogo Bonilla cuenta que alguna vez le pidió a una compañera que se retirara del trabajo porque se estaba volviendo demasiado violenta: “La irascibilidad se había apoderado de su genio”.

Con el fin de evitar estados violentos o de locura, a cada psicólogo de las 26 regionales de la Defensoría le han entregado un manual para contrarrestar el impacto de los calamitosos relatos de las víctimas. Pese a que estos profesionales hacen todo cuanto pueden para aislar la ansiedad que carga cada relato, un miedo sigue latente, uno que los pone en el borde entre la razón y la locura. “El miedo más grande es traspasarles esa ansiedad a nuestros hijos”, dice Andrea García. “Temo como nadie que ellos resulten afectados”.

viernes, 2 de julio de 2010

Foro debate sobre atención a las niñas víctimas del conflicto armado

Un panorama sobre la situación de las niñas y mujeres afectadas directa e indirectamente por el conflicto armado, construyeron conjuntamente los panelistas y participantes de este foro.

Por Humanidad Vigente


El foro "Niñas afectadas por el conflicto armado: Acciones y desafíos" se llevó a cabo el pasado 30 de junio en la Universidad Jorge Tadeo Lozano y contó con la participación de cerca de 110 representantes de organizaciones sociales, instituciones del Estado, Agencias de Cooperación y estudiantes que trabajan por y con las niñas víctimas del conflicto en Colombia.

El evento inició a las 8 de la mañana y finalizó a las 5 de la tarde y fue organizado por Humanidad Vigente, tdh Italia, tdh Alemania, Coalico, DNI y la Universidad Jorge Tadeo Lozano, con el apoyo de la Unión Europea.

En el primer panel de discusión sobre los efectos del conflicto en la vida de las niñas, las ponentes enriquecieron la temática exponiendo desde diferentes puntos de vista. Sandra Vargas de Casa Amazonía centró su ponencia en las niñas del Putumayo, Angela Estrada de la Universidad de los Andes presentó algunos hallazgos emergentes en sus investigaciones sobre los efectos psicosociales del conflicto en la vida del las niñas y expuso un análisis de las debilidades y fortalezas de la cultura local para el afrontamiento de las dinámicas del conflicto. Finalmente, Laura Gómez de Save the Children mencionó algunas características de las niñas víctimas del conflicto en otros países.

Tras una enriquecedora ronda de preguntas y comentarios del público, el foro continuó con la presentación del estado del arte de la Investigación que se encuentra en construcción sobre niñas y conflicto armado a cargo de Elver Herrera de Humanidad Vigente.

Posteriormente, se formaron las mesas de trabajo que abordaron los siguientes temas: Mesa 1. Salud Integral, Mesa 2. Exigibilidad, Justiciabilidad y Movilización – EJM, Mesa 3.Políticas Públicas y estrategias de cooperación para la atención de niñas víctimas, Mesa 4. Derechos Económicos, Sociales y Culturales- DESC.

Por una hora y media, los participantes intercambiaron experiencias que permitieran identificar logros, dificultades y retos en las estrategias de atención a las niñas víctimas del conflicto armado en relación a los ejes temáticos planteados en cada mesa.

Por su parte William León de tdh Alemania señaló al final del panel de socialización de las conclusiones de las mesas de trabajo que la acogida del evento y el compromiso de los participantes evidencia la disposición y la importancia de continuar propiciando espacios de dialogo interinstitucionales en favor de las niñas víctimas del conflicto.

Igualmente, Yenly Méndez de Humanidad Vigente, destacó que en las mesas se revela una apertura importante a crear, transformar y evidenciar fortalezas, pero también vacíos y retos en la atención, y prevención de los efectos del conflicto en las niñas.

Una de las grandes conclusiones, común en las 4 mesas de trabajo, es el reto de seguir o ampliar con contundencia y creatividad las estrategias de exigibilidad, a fin de promover que el Estado responda de una manera más efectiva por los derechos de las niñas y los niños.

Por su parte, Camilo Castellanos, director de la Fundación para la Educación y el Desarrollo, Fedes, quién fue el encargo de construir un análisis sobre los desafíos en la atención de las niñas víctimas del conflicto, señaló que "si los niños aparecen invisibilizados en el conflicto, las más invisibles son las niñas. Esto hace que nadie las reivindique, que sólo sean civiles asociadas al conflicto, igualmente, no hay estudios de género y etáreos de las niñas desmovilizadas, quienes quedan a merced de su propia suerte y vulnerables para el tráfico sexual de mujeres, prostitución y otras formas de violencia sexual. De ahí que, debiéramos ponernos como meta que igual que hicieron las clases dominantes con el secuestro, hacer una causa de la sociedad colombiana el reclutamiento de niñas y niños".

Lineamientos para la atención integral, diferencial y preferencial de las mujeres víctimas del desplazamiento forzado en Bogotá D.C.

El Grupo de Seguimiento e Incidencia Distrital Mujeres y Desplazamiento, constituido por organizaciones de mujeres víctimas de desplazamiento, organizaciones defensoras de sus derechos y la Subsecretaría de Mujer, Géneros y Diversidad Sexual desde diciembre de 2008, con el objetivo de promover e incidir en la administración distrital para el cumplimiento del Auto 092 de 2008, expedido por la Corte Constitucional, propone algunas claves y líneas generales de lo que deberían ser programas específicos para las mujeres víctimas de desplazamiento en Bogotá.

El desplazamiento forzado ha sido reconocido como un delito de lesa humanidad por el Estatuto de Roma, en tanto que es cometido contra la población civil de manera sistemática y continuada. Los crímenes de lesa humanidad son aquellos delitos graves que atentan severamente contra la dignidad humana, al punto de quebrantar la convivencia social, la paz y la tranquilidad de la especie humana. En Colombia, cerca del 10% de su población ha sido víctima del desplazamiento, y las mujeres representan el mayor porcentaje de víctimas de este delito. Ellas son las despojadas, las desarraigadas, las que se ven obligadas a radicarse en lugares geográficos ajenos a sus costumbres y deseos. (Fragmento de la introducción a los Lineamientos para la atención integral, diferencial y preferencial de las mujeres víctimas del desplazamiento forzado en Bogotá D.C.)

Para consultar la publicación puede consultar: Lineamientos de atención mujeres víctimas desplazamiento